Friday, 23rd October 2020
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ALGECIRAS

ALGECIRAS

puente sobre la calle de agua

Vivo en Algeciras, la ciudad de la Bella Bahía, como la llamó uno de sus cronistas oficiales. Es mi ciudad un enclave único,  privilegiado, rodeado por todas partes de una Naturaleza exuberante y generosa. Dos parques nacionales como son el del Estrecho
y el Parque de los alcornocales, donde habitan especies únicas en la flora y fauna universales, la circundan y la ornamentan de verdura y magnificencia.

Pero la ciudad en sí no es monumental ni turística ni posee ricos enclaves preñados de Historia ni de rancio abolengo, pues fue destruida hasta en cuatro ocasiones en la mal llamada Reconquista, tanto por moros como por cristianos, en una táctica terrible de tierra quemada, que fue nociva para nuestro patrimonio histórico y sentimental.

De todos modos lo más hermoso de Algeciras no está en sus monumentos o en sus pintorescos rincones sino en haberse convertido en ejemplo vivo y patente de la convivencia cuasi perfecta entre gentes de múltiples nacionalidades, credos y creencias, de todas las sentimentalidades y de todas las razas idiomas e idiosincrasias, que conforman un variado y multicolor daiquiri de culturas y un crisol de costumbres y tradiciones, que viven en armonía y en maridaje completos.

 


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En Algeciras se funden en un abrazo el zéjel y el fandango, el soneto y la casida, el flamenco y la música andalusí, la guitarra  de Paco de Lucía con la música de Zyryab y las voces bereberes y rifeñas.

Es Algeciras, por tanto, un lazo que abraza las dos orillas más desequilibradas del mundo, un puente sobre la calle de agua que es este Estrecho que tiene la garganta tan pequeña que en ella se quedan varadas muchas pateras que llevan a bordo personas
sin papeles, sin nombres pero con las espaldas mojadas y las maletas ahogadas en lágrimas.



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