Thursday, 23rd November 2017
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La Melancolia del papel

La Melancolia del papel

Gustavo Ángel Lorca Carrero

Cuando leí por primera vez “rednaeoK darnoK lraK” era un niño, y se me erizaron los vellos de los brazos, la librería de Karl Konrad Koreander, donde podías encontrar cualquier libro imaginable y donde Bastian robaría la imposible “Historia interminable”, que me ha acompañado hasta mi madurez en su hueco preferente de la estantería.

Por supuesto, la librería donde compré mi ejemplar era mucho más pedestre, un pequeño local junto a una Iglesia con los volúmenes de moda en el momento y algunos enseres para los estudiantes. Ya no existe. Y no es porque sus dueños, una pareja encantadora que conocía cada uno de los títulos expuestos, se haya jubilado, o haya decidido emprender otro negocio más lucrativo, es que las librerías han dejado de existir.

En 2014, un artículo de El País, llamaba la atención sobre la disminución de las ventas de libros en papel, frente a la subida del formato digital, al parecer no era proporcional, la piratería estaba afectando las ventas. En 2015 ya solo resistían algunas grandes cadenas y unos pocos héroes que aún resisten el asedio de ceros y unos aun sabiendo que es tratar de detener la marea con un muro de arena. A finales de 2016 hasta las grandes cadenas están bajando las persianas y los pequeños negocios han tenido que reinventarse.

La tinta electrónica ha cambiado lo que llaman “hábitos de consumo”, un sistema que que dibuja las páginas en nuestros ebook sin cansar la vista. Pantallas táctiles, baterías que duran semanas, capacidad para almacenar más libros de los que podrás leer en la vida… ¿Alguien da más?

Sin embargo, los propios libreros, impresores y editores, pugnan por buscar su hueco en el mercado salvaje. Hace dos años, la unión de editores abrió “Todos tus libros. com” con la intención de dar a conocer las
novedades impresas y dónde adquirirlas. Las librerías que resisten el envite se han llenado de cómics, guías y libros de colección que pierden sentido en los lectores electrónicos. Aún queda artillería.

El coleccionismo necesita el objeto coleccionado, casi nadie colecciona archivos digitales por el placer de almacenarlos, el coleccionista busca materiales clasificables, tangibles, y a ser posible, susceptibles de ser expuestos. Es por eso que los libros impresos están abandonando esas ediciones “de bolsillo” para convertirse en auténticas obras de arte. Ilustraciones preciosistas, serigrafiados, material adicional, algún boceto o apuntes descartados… cualquier añadido que lo haga diferente del producto digital y replicable, algo que haga al comprador pensar que merece el espacio en su expositor, o que encaja en su colección.

El comprador sigue existiendo, pero ahora se ha vuelto más exigente, ya no se compra solo una buena historia, sino un buen objeto. El coleccionista se ha vuelto el mejor cliente, y todos tenemos un poco de esto. Sin embargo, aunque me puede a veces la melancolía del papel, de las charlas y las horas recorriendo librerías para encontrar ese volumen, no puedo dejar de comprender el porqué de este cambio de paradigma. Los libros digitales son sustancialmente más baratos que los físicos, por no hablar de la variedad y calidad de los cientos de obras gratuitas a un click de distancia. La facilidad de reproducción y distribución inmediata y la posibilidad de adquirir obras en otras lenguas que jamás serían publicadas en la nuestra.

Cada vez se publican más libros que el anterior y sin embargo se venden menos, y no importa, sé que este año, algún niño de nueve años, ya sea en su ebook o en el libro que guardaba su padre, leerá que Bastian ha llegado a la librería de “Karl Konrad Koreander” y sabrá que ha llegado para cambiar Fantasía. Esas estanterías no podrá llevárselas nadie.


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